jueves, 1 de abril de 2010

Diálogos con el fuego

Un breve texto de Palabra de cuentero, de Nicolás Buenaventura Vidal, que está a punto de aparecer en librerías. Cuenta una anécdota que le sucedió a Nicolás y que vincula la narración oral y con el fuego del hogar:

[Nicolás ha ido a un pueblo a contar como antiguamente, se aloja en una casa particular y allí mismo se dispone el salón para que los vecinos del pueblo vengan a escuchar:] "En esas latitudes anochece temprano en invierno. Michel vino a verme. Todo está listo, me dijo, Había conseguido un taburete de madera, sin espaldar, de tres patas. Lo había ubicado al lado de la chimenea. Había dispuesto las sillas para que todos los asistentes pudieran verme y escucharme... Lo único que falta, agregó en un tono muy serio, casi trascendental, es que me diga qué leña le echo al fuego. ¡¿Qué leña le echa al fuego?! La pregunta me desconcertó. Michel lo notó. Al cabo de un silencio incómodo dijo: No importa, sin poder impedir que la desilusión pesara en sus palabras. Es que tal vez no entendí la pregunta, traté de disculparme. Quería simplemente que me dijera qué leña le echo al fuego, repitió. Sí, eso lo entendí, pero ¿cómo así qué leña le echa al fuego? Bajó la mirada, como si lo que tenía que decir pudiera ofenderme. es que los cuenteros, antes, sabían qué leña había que echarle al fuego. ¡Mmm!, exclamé, y le expliqué que venía de Cali, Colombia, una ciudad donde no hay invierno. Donde todo el año, la temperatura vacila entre los 25 y los 35 grados, a veces sube un poco más. Donde no hay chimeneas ni leña en las casas. Y donde, sin embargo, se cuentan cuentos. Cuando vi que mi explicación había conseguido remendar el agujero en su entusiasmo, le pedí que me dijera qué tenía que ver la leña con el cuento. Es simple, me dijo, si usted ha decidido contar, por ejemplo, no sé, cuentos de amor o relatos mitológicos, pongo una leña discreta, que apenas murmulle y se consuma suavemente. Si, por el contrario, va a contar cuentos de espantos, de aparecidos, pues pongo una leña que restalle, que chasquee constantemente. O una leña que crepite si es, por ejemplo, una epopeya. [...]. Del desconcierto pasé al asombro pero atiné a proponerle: Ponga usted la leña que yo haré lo que pueda y trataré de contar lo que dicte el fuego. El hombre quedó contengo con la salida que habíamos encontrado al impasse y así se hizo.
La selección de distintas leñas hizo que las dos contadas fueran verdaderos diálogos con el fuego."
Una historia preciosa, desde luego. Y real. Real la anécdota y real que los cuentistas seleccionaban sus leñas. Más información aquí.
Saludos

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